8 jul. 2010

SIDI BOU SAID, azul y blanco,

Sidi Bou Saïd es una pequeñita y preciosa villa situada en otra colina, está sobre el golfo de Túnez, a unos 20 kilómetros de la capital. Es un delicioso lugar de callecitas estrechas con escalinatas de piedra. Sus muros ornamentados y ventanas decoradas al estilo local pintadas en el mismo azul marino, las ventanas y puertas con geranios y buganvillas.200px-Sidibou_Kassus_1

Una delicia. ¿Lo principal? Andar disfrutando del pueblecillo y de los cafés, establecimientos «delicatessen» y tiendas de souvernirs en su Plaza central. El faro sobre la villa es del siglo IX. Cerca, hay una pequeña playa poco frecuentada.

El nombre del pueblo significa "Señor aquel que". Desde 1920, el pueblo destaca por la ley que Rodolphe d’Erlanger aprobó, obligando a todos los habitantes de la localidad a pintar y mantener sus casas de color blanco, menos las puertas, ventanas y rejas que tienen que ser de color azul claro.dwcfz9r_44c8hcqjff

Son numerosas las casas que tienen patios o jardines, se puede decir que en casi todos, están omnipresentes las plantas del yasmín (jazmín), por algo es la típica flor tunecina y es lucida por sus habitantes. Según la tradición, el hombre casado se coloca el ramillete en la oreja derecha; si busca pareja, un soltero, se insinuará colocándoselo en la oreja izquierda. En cambio, las mujeres lo guardan en su pequeño bolso para perfumar su interior. También estos ramilletes son ofrecidos a los turistas por vendedores ambulantes.

El centro neurálgico de la población es la Place Sidi Bou Said, rodeada de cafetines, puestos de dulces y tenderetes de souvenirs. La escalera que conduce al “Café des Nattes”, el más famoso de Túnez, también conocido como “Café de las Esteras”. Es un viejo edificio de dos plantas construido en el siglo XVI, que antaño perteneció a la Mezquita y fue frecuentado por pintores franceses, lo que lo puso de moda y hoy día, todos los turistas pasan por él. También, hay que visitar el Museo de la Música Árabe y Mediterránea, instalado  en el fantástico palacio, de clara inspiración andalusí, que donó el Barón d’Erlanger. Se pueden admirar antiguos instrumentos de música árabe.

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Otro importante café moro es el Sidi Chabanne, que cuenta con pequeñas terrazas colgadas en el acantilado; dada su privilegiada situación pueden contemplarse unas magnificas vistas del puerto.

Merece la pena, después de visitar Cartago, acercarse hasta Sidibú, como lo llaman los lugareños, pasear y descubrir la combinación del azul y el blanco, colores de la buena suerte para los islámicos.

 

 

 

 

 

 

 

+ INFO: http://sobreturismo.es/2010/07/06/sidi-bou-said-un-pueblo-blanco-y-azul-en-tunez/

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