19 mar. 2011

MONT SAINT-MICHEL, maravilla de occidente.

El Monte St-Michel es un islote de unos 900 metros de perímetro y 80 metros de altura. El río Couesnon, constituía la frontera entre los ducados de Normandía y Bretaña.

Los orígenes de la abadía se remontan al siglo VIII cuando el arcángel san Miguel se apareció a Abert, obispo de Avranches quien fundó aquí un oratorio. Sobre el monte se sucedieron hasta el siglo XVI edificios románicos y góticos. La magnífica fortificación de la abadía logró que nunca fuera tomada a lo largo de la historia. La construcción de los diferentes edificios es una auténtica proeza ya que, entre otras cosas, hubo que traer la piedra desde Bretaña o las islas Chausey.

La abadía constituyó a lo largo de los siglos uno de los lugares de peregrinación más importantes de Francia e incluso, durante la guerra de los Cien Años, los ingleses acordaban salvoconductos a los peregrinos para acceder al monte. 

De entre todos los edificios hay que destacar los que se denominan "La Merveille"(Maravilla). Se trata de una serie de edificios góticos que ocupan la fachada norte del monte: capellanía, sala de huéspedes, refectorio, sala de los caballeros y el claustro.MtStMichel2-2.jpg 

Desde el exterior los diferentes edificios ofrecen el aspecto de una imponente fortaleza aunque sin olvidar el carácter religioso de la mayoría de los mismos. La evolución del gótico es especialmente apreciable en todos los edificios del monte. 

Fue elegido Patrimonio Mundial por la Unesco en 1979, y es el  monumento religioso más visitado, y sin duda, uno de los parajes más bellos de toda Francia.

Monte Saint michel con la marea alta

 

El Monte Saint Michel es una pequeña isla unida al continente por una carretera (en el pasado el camino existente era cubierto por las aguas cuando subía la marea) donde se levanta una pequeña ciudadela medieval que conserva el mismo aspecto que hace siglos sobre la cual se levanta una impresionante abadía donde conviven el románico y el gótico en perfecta armonía.

Yendo por carretera, desde varios kilómetros antes de llegar ya se puede distinguir la imponente silueta del Monte San Miguel a lo lejos, destacando entre las llanuras de la Baja Normandía, y anticipando ya lo que nos encontraremos más adelante. Una vez nos vamos acercando a través de la carretera que une el continente con la isla, el Monte Saint Michel cobra aún más poder si cabe, y la abadía adquiere un aspecto sumamente impresionante, siendo increíblemente bello si el día está soleado, y algo tétrico si el día está muy frío y gris, pero en cualquier caso la estampa del Monte Saint Michel no dejará de impresionar y quedar grabada en la memoria de todos los que la visitan.

La historia del Monte Saint Michel tiene unos orígenes casi sobrenaturales, como la de muchos otros lugares de peregrinaje, y se remonta al año 708, cuando Aubert, obispo de Avranches, mandó elevar un santuario en honor al Arcángel San Miguel, después de que este hasta en tres ocasiones se le presentara en sueños para ordenarle levantar un templo en su honor. A partir de aquí el Monte Saint Michel comenzó a convertirse en un importante lugar de peregrinación, lo que llevó a que en la abadía se instalasen monjes benedictinos, y a que en la parte baja del monte se desarrollara un pueblo que vivía del comercio de velas (hoy en día las velas se han convertido en postales, tazas y demás artículos de recuerdos, restaurantes y hoteles que florecen por doquier y que desgraciadamente ponen un puntito mercantilista al Monte San Miguel). Con el paso de los años, el monte Saint Michel se convirtió en un importante punto estratégico militar, cobrando especial importancia durante la guerra de los 100 años, y jamás fue tomado por las tropas inglesas pese a sus incesantes esfuerzos por conseguirlo, lo cual convertía al Monte Saint Michel en un símbolo de esperanza y fe para los franceses en esos años de continua guerra. Desde la Revolución francesa hasta 1874 el Monte San Michel se convirtió en prisión, por lo que se le llamó también como la pequeña Bastilla,y en 1979 el Mont Saint Michel fue incluído en la lista de Patrimonio Mundial por la Unesco.

Lo que más fascina del lugar, es la fuerte variación de las mareas, que puede alcanzar los quince metros de amplitud, puesto que en marea baja, el agua se desplaza varios kilómetros mar adentro, quedando el monte todo rodeado de arena.  Sin embargo, cuando la marea es alta, todo el monte queda rodeado de agua, incluso el parking queda inundado.

+ INFO:http://mont-saint-michel.monuments-nationaux.fr/es/

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