Bergama, la antigua Pérgamo, se asienta sobre unas fértiles tierras, de ahí que fuese poblada desde tiempos prehistóricos. Gracias al Río Selinus, aquí se desarrollaron las soberanías lidia y persa. En el año 334 a.C., Pérgamo pasó a formar parte del imperio de Alejandro Magno.En el siglo II a.C., el Reino de Pérgamo pasó a formar parte del Imperio Romano.Se convirtió, junto con Alejandría, en uno de los principales focos culturales, científicos y artísticos de occidente. La biblioteca de Pérgamo llegó a tener más de 200.000 rollos de pergamino. Hoy en día es uno de los principales parques arqueológicos de Turquía. Paseando por su acrópolis hay que acercarse a los templos de Trajano y Dionisos, al monumental Altar de Zeus, al Santuario de Deméter o al Gimnasio. La Acrópolis está extendida sobre tres terrazas y el ágora. Altar de Zeus: Sin duda, este templo es una de las mejores muestras de una de las épocas más avanzadas culturalmente hablando, la Helenística. Este monumento, de una belleza increíble, se trasladó a Alemania durante la época de decadencia del Imperio Otomano, en el siglo XIX. Para verlo, tienes que ir al Museo de Pérgamo, en Berlín.
Izmir, la antigua Esmirna, es el segundo puerto del país y la tercera ciudad más grande. Esmirna era una de las ciudades más prósperas y más viejas del Asia menor. Actualmente,cuenta con una población actual de 200,000 habitantes, de los cuales solo 1/3 son cristianos. En el pasado frecuentemente la llamaban el “ornamento de Asia”, “la ciudad devida” y “metrópolis”. El monte Pagus se levantaba en medio de la ciudad donde en su cima se adoraba al dios griego Némesis. Ninguna ciudad recibió más sitios, masacres, terremotos, plagas e incendios que ésta. La colectividad judía en la ciudad era extraordinariamente numerosa y poderosa; su amargo antagonismo a los cristiano les llevó a numerosos enfrentamientos.
Con un pasado claramente artístico, hoy día es un centro turístico de primera categoría, lugar escogido por numerosos turistas de playa de toda Europa. Y aquí termina mi relato de viajes por Turquía, con la esperanza de volver de nuevo. Güle, güle (Hasta la vista).
Androclo, hijo de Codros (rey de Atenas), fue el fundador de Éfeso según la leyenda oficial de la ciudad. Como se había peleado con sus hermanos, decidió fundar una nueva ciudad en la orilla asiática. Según la costumbre consultó a Pitia, la sacerdotisa del templo de Apolo en Delfos. Ella, en éxtasis dijo su profecía: el pez y el jabalí. Androclo y sus amigos buscando el lugar adecuado llegaron a un pueblo donde vivían los lelegianos y carios. Allí mientras freían pescado, de repente un pez saltó de la sartén volteándola. Como consecuencia, las hierbas se incendiaron y un jabalí que estaba entre las matas salió corriendo. Androclo lo persiguió y lo mató. En aquel lugar fundaron la cuidad en el siglo XI a.C. La actividad económica de Éfeso se centra fundamentalmente en el turismo que atraen las notables ruinas greco-romanas de la ciudad antigua, y los restos paleocristianos y bizantinos, que atraen igualmente a muchos peregrinos, al ser Éfeso la ciudad en la que ocurrió la asunción de la virgen María. Si bien en la antigüedad clásica Éfeso fue una importante ciudad portuaria, desde el siglo V en adelante el mar sufrió, por procesos de sedimentación y erosión, un fuerte retroceso que la han alejado de la actual línea de costa, por lo que su puerto fue abandonado hace mucho.
Éfeso es una de la grandes maravillas de la época clásica, es la ciudad mejor conservada de todo el mediterráneo oriental y en ella el visitante se olvida de la realidad y puede comprobar con sus propios ojos cómo era la vida en la época romana. En la antigüedad esta ciudad tenía un gran poder comercial y era un centro de culto a Cibeles, la diosa de la fertilidad, que posteriormente pasó a ser Artemisa. Cuando los romanos conquistaron el lugar, Artemisa se convirtió en Diana y Éfeso fue nombrada capital provincial. Lo más destacado de todas las ruinas que se conservan, es la biblioteca de Celso. En la antigüedad contenía 12.000 pergaminos y miles de valiosos manuscritos. Destacan especialmente entre sus construcciones el Templo de Artemisa, y su gran anfiteatro con capacidad para unos 24500 espectadores Se cree que fue el primer asentamiento con organización de ciudad de la historia, por lo que se suele decir que ahí comenzó la civilización. Las construcciones, de unos materiales de máxima calidad, resisten aún el paso del tiempo después de más de 10 siglos.
Todo un viaje al pasado que te transporta directamente al siglo XI.(antes de Cristo). En Éfeso tuvo lugar la anunciación de la Virgen María, por ello también atrae a muchos visitantes. Según la leyenda, la Virgen María, acompañada por San Pablo, vino a Éfeso a finales de su vida, alrededor del 37 al 45 Año de Cristo.
Los movimientos tectónicos que tuvieron lugar en la depresión de la falla de la cuenca del río Menderes no sólo causaron frecuentes terremotos sino que también ocasionaron la aparición de numerosas fuentes de aguas termales. Fueron esas aguas, con su alto contenido en minerales las que crearon Pamukkale. Este fenómeno natural produce gruesas capas blancas de piedra caliza que bajan en forma de cascadas por la ladera de la montaña, lo que da la sensación de estar ante una catarata congelada. En 1988 fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad y es junto con Capadocia, uno de los lugares más impactantes del viaje a Turquía.
El agua de Pamukkale es famosa por los beneficios que aporta a la piel y a los ojos, y se dice que cura el asma y reumatismos. La zona también dispone de fuentes naturales de agua y termas.