9 jul 2010

KAIRUAN, la cuarta ciudad santa.

Kairuán o Kairouan es la ciudad musulmana más sagrada de África y la cuarta en el mundo después de La Meca, Medina y Jerusalén. Fue fundada alrededor del año 670 d.C., por Okba Ibn Nafaa, un guerrero árabe que conoció a Mahoma. En sus inicios fue un puesto militar estratégico, y luego se convirtió en el mayor centro cultural islámico en el magreb, cuna de finos poetas románticos y expertos en leyes religiosas.

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La mezquita de Kairuán es una amplia sala hipóstila, cuya nave central, más alta y ancha que las otras, junto con el tramo que precede a la quibla o alquibla, forma la característica T, recuerdo probablemente del plano de las basílicas romanas.

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Destacan las majestuosas cúpulas de la nave central, que sirven para iluminar el interior. Las dos cúpulas se elevan en los dos extremos de la nave mediana: una anterior, por encima del nártex, como fachada al patio y la otra posterior, delante del mihrab. Todo el oratorio presenta una techumbre plana cubierta de terrazas. Las paredes que sostienen este techo están asentadas sobre arcos semicirculares de herradura, reforzados a su vez con tirantes de madera que se apoyan en impostas de piedra tallada y bloques de ábacos, también de madera, emplazados sobre capiteles sujetos por columnas clásicas de mármol. Estos fustes y capiteles están reaprovechados, pues son restos provenientes en su mayoría de monumentos romanos y visigodos.


Sala de oraciones de la gran mezquita

El alminar, desde el que se llamaba a los fieles para la oración, es de planta cuadrada. Es una torre ligeramente apuntada, de tres pisos, que es tal vez el más antiguo de los que se conocen.

Alminar

Los edificios de Kairuan reflejan las líneas claras e inconfundibles de la arquitectura islámica. Con murallas que datan del año 1.052, la medina, el antiguo distrito musulmán, con numerosas mezquitas y torres, así como bulliciosas tiendas y cafés. Hay una gran variedad de zocos o mercados  donde se pueden adquirir las mejores alfombras tunecinas, tapetes y artículos de piel que hacen famosa a la ciudad.

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   Es Patrimonio de la Humanidad desde 1988.
Se dice que ir 7 veces a Kairuán, es como ir a La Meca. Yo, ya he estado al menos dos veces en Kairuán, me faltan más veces.

+ INFO: http://www.elmundo.es/motor/2000/MV170/MV170-19.html



COLISEO DE EL DJEM.

La ciudad de El Djem, llamada Thysdrus, fue fundada, seguramente, por los fenicios. Alcanzó su apogeo durante la primera mitad del siglo III cuando unos comerciantes enriquecidos edificaron suntuosas casas en las que se han encontrado magníficos mosaicos.

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 Numerosos monumentos públicos fueron construidos en esa época, de los que destaca, sin duda alguna, el anfiteatro, con una imponente arquitectura que superó las vicisitudes del tiempo. Construido durante la cuarta década del tercer siglo, tenía una capacidad de 30.000 espectadores y era el cuarto en importancia del Imperio Romano.
El anfiteatro romano de El Jem es, sin duda, uno de los monumentos romanos más famosos de Túnez. Su impresionante arquitectura destaca majestuosamente entre las casas bajas de la ciudad.

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 La construcción, de forma elíptica, tiene 36 m. de altura y sus dimensiones son de 148 m. por 122 m.; la arena mide 65 m. por 39 m. Tenía tres pisos con 60 arcadas corintias. Bajo el suelo de la arena tiene dos galerías en forma de cruz bordeadas de celdas abovedadas destinadas a los combatientes y a las fieras.
  Hay muchas leyendas sobre el coliseo, pero me contaron ésta, que me gustó:
“En el interior del coliseo hay un tesoro escondido; la joven de El Jem capaz de matar a un cordero y de hacer de su carne un buen cuscus (plato típico tunecino), y de su lana una bonita alfombra, encontrará ese tesoro.”

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 Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979.
Aquí se rodaron algunas escenas de la película Gladiator, de R. Scott.

+ INFO: http://tunez2.blogspot.com/2007/06/el-djem.html



8 jul 2010

SIDI BOU SAID, azul y blanco,

Sidi Bou Saïd es una pequeñita y preciosa villa situada en otra colina, está sobre el golfo de Túnez, a unos 20 kilómetros de la capital. Es un delicioso lugar de callecitas estrechas con escalinatas de piedra. Sus muros ornamentados y ventanas decoradas al estilo local pintadas en el mismo azul marino, las ventanas y puertas con geranios y buganvillas.

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Una delicia. ¿Lo principal? Andar disfrutando del pueblecillo y de los cafés, establecimientos «delicatessen» y tiendas de souvernirs en su Plaza central. El faro sobre la villa es del siglo IX. Cerca, hay una pequeña playa poco frecuentada.
El nombre del pueblo significa "Señor aquel que". Desde 1920, el pueblo destaca por la ley que Rodolphe d’Erlanger aprobó, obligando a todos los habitantes de la localidad a pintar y mantener sus casas de color blanco, menos las puertas, ventanas y rejas que tienen que ser de color azul claro.

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Son numerosas las casas que tienen patios o jardines, se puede decir que en casi todos, están omnipresentes las plantas del yasmín (jazmín), por algo es la típica flor tunecina y es lucida por sus habitantes. Según la tradición, el hombre casado se coloca el ramillete en la oreja derecha; si busca pareja, un soltero, se insinuará colocándoselo en la oreja izquierda. En cambio, las mujeres lo guardan en su pequeño bolso para perfumar su interior. También estos ramilletes son ofrecidos a los turistas por vendedores ambulantes.

El centro neurálgico de la población es la Place Sidi Bou Said, rodeada de cafetines, puestos de dulces y tenderetes de souvenirs. La escalera que conduce al “Café des Nattes”, el más famoso de Túnez, también conocido como “Café de las Esteras”. Es un viejo edificio de dos plantas construido en el siglo XVI, que antaño perteneció a la Mezquita y fue frecuentado por pintores franceses, lo que lo puso de moda y hoy día, todos los turistas pasan por él. También, hay que visitar el Museo de la Música Árabe y Mediterránea, instalado  en el fantástico palacio, de clara inspiración andalusí, que donó el Barón d’Erlanger. Se pueden admirar antiguos instrumentos de música árabe.

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Otro importante café moro es el Sidi Chabanne, que cuenta con pequeñas terrazas colgadas en el acantilado; dada su privilegiada situación pueden contemplarse unas magnificas vistas del puerto.
Merece la pena, después de visitar Cartago, acercarse hasta Sidibú, como lo llaman los lugareños, pasear y descubrir la combinación del azul y el blanco, colores de la buena suerte para los islámicos.



+ INFO: http://sobreturismo.es/2010/07/06/sidi-bou-said-un-pueblo-blanco-y-azul-en-tunez/